Narices, buhitos, volcanes y otros poemas ilustrados

NARICESMe ha costado elegir un primer libro de poesía para recomendar. Tengo muchos preferidos, no sabía cuál elegir, la verdad. Me debatí entre el que más hizo reír a mi hijo o el que más nos hizo pensar. Me debatía, también, entre esta o aquel poeta… en fin, no ha sido fácil.

Finalmente ha ganado este: Narices, buhitos, volcanes y otros poemas ilustrados (selección de Herrín Hidalgo y dibujos de Carlos Ortin, bellamente editado por Media Vaca). Un libro que no se agota. Que sigue reimprimiéndose, un libro con una selección de textos estupenda y un trabajo gráfico impresionante.

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Sí, la poesía, o emociona o no es. Y esta es la historia por la que he terminando eligiendo este libro para comenzar con las recomendaciones:

Hace algunos años me invitaron a visitar un Centro de Día y de Menores, como poeta, en unas jornadas especiales que organizaban por las fechas en que se celebraba el día de la mujer. Mujeres que tenían oficios “diferentes”, esa era la idea. La edad de abandono de los estudios y de embarazos no deseados es bastante alto entre las muchachas que allí acuden, también las cuotas de violencia de género y micro/macromachismo se reproducen con más asiduidad de la deseada. Los jóvenes y niños y niñas que acuden allí están en riesgo (eufemismo) de exclusión social, las personas que trabajan con ellos, con gran implicación, lidian con algunos estigmas y roles adquiridos, siempre culturales, que tienen un peso brutal en su día a día. Son los desheredados de nuestra sociedad,  los parias, los que nadie quiere ver; pero viven en el extrarradio de nuestras ciudades. Personas sin recursos, niños y niñas, que han tenido la gran mala suerte de nacer y crecer en un entorno poco favorable.

La sorpresa fue mayúscula cuando, unos días antes de la cita, hablé con Helena, que me había invitado:

-Mar, no les hemos dicho que eres poeta, les hemos dicho que eres UNA RAPERA y que les vas a hablar de las rimas y el RAP. Es que no ellos no leen, de hecho, muchos, ni siquiera van al colegio sino los obligamos. Si les decimos que viene una poeta, ni aparecen -me dijo. Luego tuve que reconocer que fue una buena táctica, pero, en ese momento: ¿¿¿¿¡¡¡¡!!!!???? No me lo podía creer.

Allá que fui, con algunas bases de rap, para intentar vincular la poesía con ese tipo de música, pero también con Camarón de la Isla cantando a Lorca. Y un poco de miedo a lidiar con una situación más que extraña y comprometida.

Lo primero que hice fue desmentir la noticia: -Yo no soy rapera, no os quiero engañar. Pero sí os puedo hablar de la rima, y, sin rima, tenéis que saberlo, no hay rap.

Uno de los libros que llevé fue, precisamente, Narices, buhitos, volcanes y otros poemas ilustrados. Y sucedió el milagro. Les leí el poema de Cecilia, la Nana del prisionero, me dijeron que era un poema que hablaba de alguien que estabas en la cárcel, que a ellos les sonaba mucho y les resultaba familiar: “un niño pequeño que está en la cárcel con su madre”, me dijo, una de las chicas. Cuando les enseñé las ilustraciones y entendieron que ese prisionero era un niño en la tripa de su madre les cambió la cara: habían descubierto la metáfora: “claro, mientras está dentro, es también una cárcel, no puede salir”.

Después les hablé de la rima y del rap, claro. Les dije que si un poema estaba bien rimado se podía rapear. Pusimos algunas canciones. Rapeamos a Cecilia y su nana, pero también les hablé de Quevedo y su famoso soneto, volví a mostrarles el libro. Y sí, efectivamente, terminaron rapeando: “Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una alquitara medio viva, érase un peje espada mal barbado;”. Quisieron que volviera, a enseñarles a rimar, para poder hacer sus canciones. Volví a verlos. Y me hablaron de sus familias y ensayaron poemas, y se los aprendieron de memoria y los recitaron delante de un teatro lleno de gente. Pero aquel primer encuentro no lo olvidaré nunca. Porque cogieron el libro y miraron sus dibujos, y leyeron sus poemas, y volvieron a mirarlo y quisieron repetir el rap de Quevedo, hasta que les salió a su gusto. Y vivieron, en definitiva, la poesía.

Mientras haya editoriales que editan libros de poesía como lo hace Media Vaca, siempre habrá un hueco para mostrar la belleza, y, la belleza, no lo olvidemos, también vive en las cosas menos bonitas, en las menos amables, allí donde hay un resquicio, por pequeño que sea, para la esperanza. Y es allí, precisamente, donde ha de llegar la poesía.

Mar Benegas